"La emigración extremeña en Holanda" (1961-2006)

 Geertje van Os

 

 

 

Introducción

 

 

El acto comenzó con la lectura del poema "Algo más que un sentimiento" por Miguel Angel Luengo Tarrero.

 

 

 

Buenos días.

Gracias Miguel Ángel por leer el poema. Miguel Ángel Luengo Tarrero escribió este poema como dedicatoria a su padre y a todos los demás padres que a principio de los años '60 cogieron la maleta para irse a trabajar a Eindhoven, la ciudad de la empresa Philips. El título de mi libro sobre la emigración española en Holanda fue tomado de la primera linea de este poema.

 

Hace siete años empecé a investigar el tema de la emigración y desde el principio Miguel Ángel me ha ayudado muchísimo con su asesoramiento y en la recopilación de material. En noviembre del 2006 el libro fue publicado en Holanda. Dos meses después recibimos un correo electrónico de Juan Valadés. Pedía nuestra colaboración para un proyecto del Museo de Cáceres sobre la emigración extremeña. Le respondimos que lo haríamos con mucho gusto.

Juan me escribió tambíen que el Museo podría publicar la traducción española de mi libro. Eso era un sueño para mi, y apenas podría creérmelo. Pero el sueño se hizo realidad. Gracias a Juan, gracias al Museo, gracias a la Junta de Extremadura, gracias al traductor Johan Pouwels, gracias a Miguel Ángel, gracias a Fuensanta Guerra Retamosa que hizo la última revisión, gracias a Raquel Rodrigo Iglesias que hizo el dibujo de la portada, y gracias a muchas personas más. Estoy muy agradecida, muy contenta y muy orgullosa de estar hoy aquí, en la presentación de la traducción española de mi libro! Para mi es todo un honor y me llena de felicidad.

 

 

En mi intervención contaré cómo llegué a estudiar la emigración extremeña en Holanda. A continuación hablaré sobre el contenido del libro. El libro se compone de once capítulos y al final de cada capítulo hay un intermezzo, o intermedio. Un intermezzo consta de un poema o de una historia personal. Al igual que en el libro aparecerán unos intermezzos en mi charla. Intermezzos de Miguel Ángel Luengo y de Johan Pouwels. Ya verán.

Probablemente pensarán que fue en Holanda donde establecí contactos con inmigrantes extremeños. Pero no fue así. Fue en Extremadura dónde tuve la oportunidad de conocer la emigración extremeña en Holanda. Hace muchos años vine a Extremadura para realizar una investigación de antropología, sobre la viudez y costumbres de luto. O sea, otro tema muy diferente. Me fui a vivir al pueblo El Torno y me gusta contar lo que percibí durante mi primera visita al pueblo.

 

 

 

 

 

Iniciación a Extremadura y la emigración.

 

 

En septiembre del año ’91 estaba buscando un pueblo extremeño para hacer trabajo de campo antropológico. Llegué a El Torno al mediodia con el autobus desde Plasencia. Lo que no olvidaré nunca es el olor que percibía andando por las calles de El Torno al mediodía, un olor muy fuerte, y no sabía lo que era. Hasta que me fui al bar El Frenazo para comer un plato de judías verdes. La señora Matilde preparó el plato, y en seguida el bar se llenó con el mismo olor. Y cuando Matilde me puso el plato, y probé una judía, ya sabía lo que era: el aceite de oliva de El Torno. El aceite más fuerte del mundo. El plato muy bueno, pero tengo que reconocer que mi estomago no estaba acostumbrado a sabores tan fuertes.

 

 

Cuando vivía en El Torno entre el ‘91 y ‘93 este aceite ya cada vez se olía menos. Porque la gente empezaba a gastar el aceite de la Agrupación de Cooperativas Valle del Jerte, que ni es la mitad de fuerte. Y hoy en día, si te das un paseo por El Torno al mediodía, ya no huele al aceite de entonces.

 

De todas las percepciones sensoriales el olor es el sentido que más recuerdos evoca, recuerdos muy vivos y fuertes. (Como escribió el famoso francés Marcel Proust en su obra maestra ‘En busca del tiempo perdido’.) A los emigrantes que tenían que salir de su pueblo, sobre todo a los que tenían que salir de su país, creo que debieron echar mucho de menos el aceite de sus pueblos. Porque el olor que a mí como forastera me llamaba tanto la atención, del que no me olividaré nunca más, para ellos representaba su mundo perdido, su infancia, sus seres queridos, su pueblo, su tierra. Y de todo eso no encontraban nada en los países del norte, en las lejanas y llanas tierras de prados verdes, vacas y mantequilla.

 

 

El aceite es un producto de la tierra, alimenta, da sabor a la comida, es un recurso económico, pero también un elemento importante en la liturgia, el aceite es luz, es vida. No me podía imaginar que existiera otra cosa con un sabor, un olor y un valor tan fuerte como aquel aceite de El Torno.

Cuando yo estaba viviendo en Extremadura pasaba por muchos pueblos, y la gente me preguntaba: ‘De dónde eres?’ Decía: ‘Soy Holandesa.’ Muchas veces contestaron: ‘¡Aquí también tenemos familias holandesas!’ Pero siempre resultaba que no eran familias holandesas, que eran familias extremeñas, viviendo en Holanda.

 

Aquí eran familias holandesas. Allí eran familias españolas. En aquellos tiempos empecé a interesarme por las historias y vida de los emigrantes y decidí investigar el tema de la emigración después de terminar los otros proyectos que tenía pendiente.

Muchos extremeños trabajaban en la empresa Philips que tenía su sede en Eindhoven. Eindhoven es una ciudad industrial en el sur de Holanda, dominada por fábricas, oficinas y edificios de Philips.

 

 

 

 

Contratación

 

Allá por el principio de los años sesenta, Holanda sufría falta de mano de obra. La fábrica Philips, igual que otras grandes empresas, se decidió por la contratación temporal de obreros extranjeros para solucionar el problema a corto plazo. La dirección de Philips decidió en contratar los obreros en un sólo país, pues administrativamente era práctico. En el verano de 1962 el Señor Frits Philips en persona, el presidente de la gran Philips, se decidió por España. Desde esta fecha y en años posteriores Philips trajo cerca de dos mil obreros españoles a la ciudad de Eindhoven y sus alrededores. Frits Philips estaba personalmente interesado en los obreros españoles. El también hablaba un poco español. De vez en cuando iba a verles en sus departamentos y campamentos.

 

 

La Administración española designó Extremadura a Philips para conseguir la mano de obra que ésta requería. Los primeros emigrantes españoles en Philips venían del norte de Cáceres. Más tarde llegaron otros grupos más, de todas las regiones españolas. Los españoles eran los primeros extranjeros llegados a Eindhoven y alrededores y durante muchos años tambíen formaron el mayor grupo de forasteros. Hoy quedarán cerca de mil españoles en Eindhoven. Y los extremeños forman la base de esa Colonia Española.

 

El Ministerio de Trabajo con sede en Madrid, mandó la oferta de trabajo de Philips al ayuntamiento de Cáceres y éste por medio de los sindicatos de la época la distribuyeron por casi todos los pueblos de la provincia. Para inscribirte era necesario tener buena conducta y salud, tener como mínimo 23 años y el servicio militar cumplido. Si cumplias estas condiciones, tenías que ir a Cáceres para pasar una revisión médica. No solo la empresa Philips contrataba a extremeños, había más empresas. Por ejemplo unas fábricas de textil en los alrededores de Eindhoven.

 

 

Philips organizaba el viaje a Holanda y pagaba todos los gastos. Un autobus iba a los pueblos para recoger a los emigrantes. Todo el pueblo se reunía para despedirse de sus emigrantes jovenes. El autobus se les llevaba a Cáceres y desde allí en tren hasta Holanda. El 8 de febrero del ‘63 los primeros noventa cacereños bajaban del tren después de tres días de viaje. Holanda sufría uno de los inviernos más fríos de la historia.

 

  El primer grupo se alojó en un pueblo que se llama Someren en un campamento estatal construído en los años 30. Existían campamentos similares en otras localidades, todas cerca de Eindhoven. Ocho hombres compartían un dormitorio y salón-comedor. Los extremeños eran llevados en autobuses a sus trabajos en Philips.

Del primer grupo, solamente uno sigue residiendo aún en Eindhoven: José Gutiérrez, natural de Carcaboso.

 

 

 

 

Sexo y sambal

 

 

El problema más grande en los campamentos residenciales, era la falta de privacidad. A algunos no les gustaban estos alojamientos comunes y buscaron hospedaje en casas particulares. Otros se alojaron en pensiones.

Una pensión muy famosa se encontraba en el centro de Eindhoven en un convento de monjas: ‘Ons Thuis’ – (Nuestra Casa). Aquí encontró alojamiento un centenar de españoles, cada uno con su propia habitación. Las monjas se encargaban de las comidas y la limpieza.

 

Uno de los temas que más se han discutido, ha sido el de las comidas en los campamentos. Sobre las comidas en los campamentos hay muchas anécdotas. En general, los holandeses se esforzaban para que los españoles se sintieran a gusto. Pero tenían una imagen de España muy estereotipada. Pensaban por ejemplo que los españoles eran muy pasionales y que les gusta la comida picante, que tiene mucha pimienta.

 

La cocina holandesa tiene influencias de Indonesia, que era una colonia holandesa. Se utiliza un condimento indonesio muy, muy picante que se llama ‘sambal’, es de pimienta roja. Los cocineros de los campamentos echaron sambal, mucho sambal en la comida, porque pensaban que a los españoles les iba a gustar mucho. Pero no les gustaba nada de nada.

Desde el principio hasta la década de los 80, el cuidado y la educación espiritual, corría a cargo del sacerdote holandés y exmisionero padre Jaime Driessen. El daba la misa en español, todos los domingos en los campamentos. Era un hombre de una fenomenal capacidad mental. Conocía los nombres y apellidos, fechas y lugares de nacimiento de todos los emigrantes y sus familiares. Nunca se olvidaba de quíen cumplía los años.

 

 

En general, los españoles eran bien vistos, eran personas muy trabajadoras, mostraban mucho respeto por los jefes, como estaban acostumbrados en España. No traían problemas, ni en el trabajo, ni en la sociedad. Eran católicos, igual como la gente en el sur de Holanda.

 

Los españoles, generalmente no eran discriminados en Holanda. Además, entre holandeses España se estaba convirtiendo en un lugar preferido de vacaciones, y al incorporarse España a la Comunidad Europea, las diferencias culturales se hacían cada vez más insignificantes.

El primer grupo que llegó al pueblo de Someren, fue recibido de diferentes formas de pensar. Por una parte eran bienvenidos, pero por otra parte existía preocupación entre los habitantes

 

En la misa había anunciado el cura que iba a llegar un grupo de españoles y que las mozas debían de tener cuidado pues muchos de ellos estaban casados y sólo venían por un año. A pesar de las advertencias fueron muchas las jovenes de Someren que se enamoraron de aquellos jovenes morenos extremeños. Núnca antes habían visto tantos Don Juanes juntos.

Muchos padres vivían angustiados, a que sus hijas llegaran un día a casa con un español o peor aún, que se quedaran embarazadas de un español. Ellos eran bienvenidos, pero cuando los terminos amor, sexo y matrimonio se ponían sobre la mesa, se fijaban las fronteras entre "lo própio" y "lo extraño".

 

Una de las cosas que más llamaba la atención a los inmigrantes españoles era la moral sexual en Holanda de los años 60, pues era más libre que en España. Un trato mas libre entre hombres y mujeres, los novios se besaban en publico y la píldora ya se legalizó en el ‘62. En España no se legalizó hasta los 80.

 

 

 

Pero tampoco eran todos Don Juanes aventureros los que a principio de los '60 invadieron Eindhoven y sus pueblos: la mayoría no vino buscando heroicidades, sino buscando la forma de darle un mejor futuro a sus familias.

 

 

 

 

 

Una cuestión temporal

 

La mayoría de los emigrantes procedían de pequeños y aislados pueblos donde muchos aún tenían las carreteras de tierra. Casí ninguno de ellos había viajado antes fuera de la provincia o región. Estos pueblos, son comunidades donde todo el mundo se conoce y todas las cosas personales se saben. Cuando llegaron a Eindhoven, llegaron a un mundo totalmente diferente. Una ciudad industrial, moderna, grande. Para algunas personas la emigración era una experiencia traumática. Muchos caían enfermos del cambio, del frío o de la añoranza y nostalgia. A veces la única solución era el regreso a casa.

 

El contacto con sus familias era muy importante, pero difícil de realizar. Telefonear era caro y casi siempre en el pueblo donde llamaban sólo había un teléfono. Lo que más se usaba era la carta. Pero había muchos hombres que tenían problemas con la escritura y la lectura. Por eso, a muchos españoles, les costaba mucho aprender algo en las clases de holandés que se daban en los campamentos. Estas lecciones duraron poco, debido a la escasa motivación que manifestaban tanto los obreros como la Philips

 

 

Trabajar unos años, ahorrar algún dinerillo y regresar a España. Esta idea era muy común entre los emigrantes españoles y era así mismo el punto de partida de Philips. Para los dos sectores, esto era una cuestión temporal. ¿ Para qué entonces invertir tanto dinero en estas personas? Esta es la causa de que un gran número de españoles, después de cuarenta años de residencia aún tiene grandes dificultades en sus conocimientos y uso del holandés.

Además en la Philips tenían intérpretes. Los españoles tenían su própia oficina de Asuntos del Personal y allí hablaban español, habían medicos y asistentes sociales que hablaban español. Hasta el jefe de departamento estaba obligado a hacer un curso de español, en vez de ellos. Así los españoles no aprendían holandés.

 

  Intermezzo Johan

Hablando sobre intérpretes e idiomas creo que ya llegó la hora para un intermezzo de nuestro traductor Johan Pouwels. Johan es un holandés criado en Eindhoven. Desde joven mantiene amistades con emigrantes españoles. Incluso jugaba en el equipo de fútbol del Centro Español de Eindhoven. Los primeros españoles que llegaron en Eindhoven eran extremeños. Seguramente que las primeras palabras españoles que aprendió Johan era castellano extremeñizado. Johan es professor de español y traductor jurado. Pero es su segunda profesión, porque ha trabajado por más de cuarenta años en la empresa Philips. Johan nos contará sobre sus vivencias con emigrantes españoles de la primera generación.

 

 

 

 

Reunificación familiar, vacaciones y asociaciones

 

Con el curso del tiempo los contratos se fueron renovando y prolongando y cada día un mayor número de emigrantes tomaba la decisión de traerse a su esposa e hijos. Philips también necesitaba mujeres en sus fábricas y decidió cooperar y ayudar a los emigrantes a conseguir viviendas, pues en aquel tiempo existía una escasez de viviendas en Holanda.

Muchas familias españolas recibieron la vivienda en el mismo barrio. Los hijos en el colegio, hicieron amistades, cursaron estudios, encontraron trabajo y los padres aplazaron año tras año la decisión de ‘quedarse o regresar’. Pero las vacaciones de verano siempre se pasaban en España.

 

 

En agosto de 1963 Philips organizó para los obreros extremeños unas vacaciones. En autobuses, salieron de Eindhoven en dirección a Extremadura y ocho días después volvían. Los años siguientes puso Philips un tren especial hasta Irún. Más tarde, Philips dió la opción de viajar en avión.

 

 

En los años '70 muchos españoles ya tenían su propio coche y viajaban con sus coches a España. Solían ser coches viejos y en muchos casos con tres, cuatro o cinco hijos en el asiento trasero.

Todos los veranos los españoles volvían a sus pueblos de origen. Pero con el paso del tiempo la acogida era cada vez menos cordial y algunas costumbres holandesas no eran muy bien aceptadas. Mujeres que fumaban en público, vestidas con ropas raras, niños que hablaban entre ellos un idioma extraño y otras cuestiones materialistas con que los emigrantes regresaban a casa, no eran muy aceptados y eran vistos con desconfianza por mucha gente de sus pueblos.

 

 

Fuera de las horas de trabajo los emigrantes se juntaban en varios centros culturales y recreativos. El primero fue el Centro Español de Eindhoven, que se abrió en el ‘68. Unos años más tarde, en el ‘76 se abrió el Círculo Español.

 

 

Hasta el final de los años '80, la colonía española de Eindhoven tenía dos grandes equipos de fútbol.

Estos jugaban competiciones y torneos por toda Holanda y Bélgica contra otros equipos españoles.

 

En 1993 se inauguró el Hogar del Pensionista que tal vez sea hoy día la asociación española de Eindhoven más activa, pues son numerosas las actividades que realiza y grandes los ánimos de participación que existen en este colectivo.

 

 

La asociación más extraordinaria es la Asociación de la Colonia de Eindhoven, creada en el ‘80, que es un 'fondo-funerario.' Cada año los socios pagan una cuota y así siempre hay dinero para ayudar a pagar los gastos de entierro cuando se muere uno de sus socios. La idea de crear un fondo de ahorro entre todos los españoles para hacer frente a estos gastos era de Pablo Luengo. A lo mejor, luego después nos contará más sobre la historia de esa asociación.

La primera generación de emigrantes siempre ha vivido con la idea de regresar. Para estos, el temor de envejecer y morir en Holanda siempre estuvo presente. Estos no concebían la idea de ser enterrados en Holanda. El cuerpo tenía que volver a la tierra donde nació.

 

La emigración suele dejar huellas muy profundas. Poco a poco, muchos empezaron a arraigar en Holanda y el regreso se hacía cada vez menos real, pero siempre pensaron en volver a casa. Con el paso del tiempo, sus pueblos también han ido cambiando y reemigrar al pasado es imposible. Esto produce un sentimiento muy profundo de nostalgia que tal vez se pueda denominar como 'dolor en el alma'. Y no solamente en la primera generación, tambíen en la segunda. Miguel Ángel nos revelará algo de su propia experiencia.

Intermezzo Miguel Ángel

 

 

 

 

Ser emigrante

 

 

La emigración conlleva una enorme cantidad de pérdidas que llevan al llamado fenómeno del ‘duelo migratorio’, descrito por el sociólogo Valentín González Calvo. Una pérdida muy significativa es la de los vínculos con la tierra y con las gentes que les vieron crecer. Todas las pérdidas incorpóran ganancias; el duelo migratorio supone un proceso de crecimiento. Los duelos genéran cambios en la identidad. Si una persona consigue eleborar adecuadamente el duelo migratorio, se enriquece, incorporando un gran repertorio de habilidades, recursos y vivencias que le ayuden para cuando se presenten otras dificultades en su vida. Se construye una nueva identidad más compleja y más rica.

 

Creo que nunca se deja de ser emigrante, los retornados tampoco. La emigración es una experiencia muy fuerte. Incluso, después del retorno, la cultura y el país que te acogía, sigue viviendo dentro de tí. Hasta en las personas que solamente estuvieron un año o dos.

La primera generación ya se ha vuelto gris y algunos empiezan a preguntarse si merecío la pena la emigración. Los primeros años, el padre estuvo solo en el extranjero. Su esposa y sus hijos le echaban de menos, y a esa falta no la puede compensar nada. A veces el padre no veía a sus hijos nacer ni crecer.

 

Después de la reunificación familiar en Holanda, los hijos tenían que adaptarse a otra vida totalmente distinta. Pero como eran niños se adaptaban relativamente facil.

 

Para las madres era peor, si no trabajaban fuera de casa vivían en un aislamiento social, porque apenas tenían la posibilidad de aprender holandés, que es imprescindible para relacionarse con la gente. Las faltaban el apoyo de la familia en Extremadura. Y al revés si pasaba algo en la familia, no podían ayudar y cuidarles por la distancia y se sentían culpables.

 

Ahora muchos emigrantes han cumplido la edad de la jubilación y pueden realizar su sueño de regreso. Pero por medio de sus hijos y nietos siguen unidos a Holanda. Ahora que de mayores necesitan más cuidados, echan en falta el no haber aprendido bien el holandés. Segun un estudio sobre la forma de vida de los emigrantes españoles mayores en Europa un gran numero de españoles mayores se encuentran en un aislamiento social, tanto en Holanda como en España. En sus pueblos de origen suelen ser conocidos como 'los holandeses', como si ya no pertenecieran al lugar. Sin embargo de todos los grupos de inmigrantes del mediterráneo que residen en Holanda, los españoles son los que más retornan a su país.

 

La llegada a Eindhoven fue un cambio en las historias personales, me refiero a los emigrantes que se harán viejos en Holanda, pero también a los que ya regresaron definitivamente. ¿Qué es lo que hace la emigración con las personas? Los extremeños fueron el primer grupo de trabajadores extranjeros en la zona de Eindhoven. Son muchas las historias y experiencias vividas de estos emigrantes de primera fila, y hay que hacer lo posible para que no se pierdan.

 

 

 

 

Historiografía de la emigración

 

En el febrero 2003 escribí un artículo en el periodico de Eindhoven y en el Hoy de Extremadura para conmemorar la llegada de 90 extremeños en Holanda hace 40 años. Depués de publicar el artículo Miguel Angel empezó una pagina web sobre la historia de la Colonia Española de Eindhoven. Yo conseguí (después de presentar muchas solicitudes) una subvención del ministerio holandés para escribir un libro.

La segunda generación es muy importante en la historiografía de la emigración.

 

En otros grupos de emigrantes se ve tambíen que los hijos son capaces de expresar los sentimientos de la primera generación, que saben reflexionar y analizar muy bien que significa la emigración, al nivel individual y colectivo. Saben dar palabras a lo vivido, conservar la historia y dar importancia a la vivencia de ser emigrante. Y eso es algo muy importante en el mundo actual de globalización y tantos movimientos migratorios. Miguel Ángel nos contará y demostrará algo sobre su página web que es todo un éxito. Es una página muy visitada por personas en Holanda, España e incluso muchas otras partes del mundo.

Intermezzo Miguel Ángel

 

En agosto 2005 se celebraron en El Torno las Jornadas de Emigración Torniegas y dimos una charla. El Torno "iba a la vanguardia". Contábamos y escuchábamos historias y vivencias. Intercambiabamos, y así tiene que ser, porque la emigración es una historia tanto de Extremadura como de Holanda. Ahora en Cáceres capital estamos haciendo lo mismo. Como muy bien dice Leonor Flores Rabazo en el prólogo del libro, en Holanda hay una parte del Patrimonio de Extremadura y es necesario preservarlo para las generaciones futuras. Allí existe Extremadura. Aquí existe Holanda. Y en ambas partes existe una experiencia muy profunda de la emigración

 

que influye hasta la segunda y tercera generación. Hoy presentamos con gran satisfacción y alegría la traducción española del libro ‘Me vine con una maleta de cartón y madera’. Esta traducción corona nuestros esfuerzos. Gracias a Johan podemos leer el libro en español. Los traductores son personas muy especiales.

 

Mi padre, que en paz descanse, tambíen era traductor autónomo. Le recuerdo pegado a su vieja máquina de escribir, todas las noches hasta las tantas. Se quejaba muchas veces de lo mal pagado que estaba su trabajo, de lo exigente e ingrata era esa actividad. El nombre del autor figura en mayúscula en la portada del libro, en cambio el nombre del traductor está en minúscula en algún sitio imposible de encontrar. El traductor lleva una vida monástica y solitaria. Intenta dar lo mejor de sí para mantener la fidelidad de lo que quiso compartir el autor con sus lectores. Pero no se saca ni honra ni provecho; trabaja casi en el anonimato.

 

 

 

En su artículo ‘El otro lado de la Torre de Babél’ el escritor Paulo Coelho nos da una noción muy bonita sobre la profesión de traductor:

 

Cuando el hombre mostró su arrogancia, Dios destruyó la Torre de Babél y todos empezaron a hablar lenguas diferentes. Pero en Su gracia infinita, creó también un tipo de persona que habría de reconstruir esos puentes y permitir el diálogo y la difusión del pensamiento humano. Ese hombre (o mujer) cuyo nombre pocas veces nos molestamos en averiguar al leer un libro extranjero: el traductor.

Johan nos contará qué es lo que le ocurría para emprender esa gigantesca tarea de traducir un libro de su lengua materna a un idioma extranjero. Es algo muy excepcional para traductores. Además es un trabajo muy precario, y admiro su valor de hacerlo.

Intermezzo Johan

 

Luego en el coloquio oiremos más cosas de la boca de personajes de esta historía emigrante extremeña en la ciudad holandesa de Eindhoven: Pablo, Florencio, Boni y Miguel Ángel. Entre ellos nos pueden contar sobre la experiencia de dejar atrás a tu tierra, empezar otra vida nueva en un país extraño, ser emigrante (quizás para siempre?) o hijo de emigrante (para siempre?) y el retorno después de tantos años a tu tierra donde ha cambiado todo. Hasta el olor, el sabor y valor del aceite de oliva.

¡Muchas gracias por su atención!

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© Geertje van Os